La construcción de la red ferroviaria implica una revolución de los transportes y exige la aportación de grandes capitales. En 1848 se inaugura la línea férrea entre Barcelona y Mataró, primera de la Península. Las líneas básicas ferroviarias del país se construyen entre 1856 y 1865. La crisis de 1866 paraliza su construcción, que se retoma a partir de 1875. El entramado ferroviario, con centro en Barcelona, se organiza en cuatro direcciones: Zaragoza, por Manresa y Lleida; Francia, con un doble trazado litoral y de interior; Tarragona, vía Vilafranca del Penedès, y Sant Joan de les Abadesses.