La industrialización del sector textil y la revolución de los transportes constituyen un acicate para la fabricación autóctona de máquinas de vapor. En 1836 los talleres Nuevo Vulcano de Barcelona construyen el primer barco de vapor en Cataluña y en el Estado español. En 1850 los hermanos Alexander, escoceses, instalan una fundición en el Barceloneta. En 1855 se constituye la Maquinista Terrestre y Marítima, que es la primera gran empresa de la metalurgia catalana. La industria siderometalúrgica se extiende mediante las nuevas demandas de bienes de equipo, herramientas y máquinas.