Manifestaciones, huelgas, rebeliones urbanas... a menudo los trabajadores tienen que llevar su protesta a la calle. Las condiciones de vida de la clase obrera son duras: largas jornadas de trabajo, sueldos insuficientes, inestabilidad laboral... Ni la vejez ni la enfermedad ni el paro tienen cobertura. Las duras condiciones propician duras respuestas. La revolución social, la anarquía o el socialismo, son las metas a alcanzar. La burguesía y el Estado son los enemigos contra los que luchar. La huelga general se convierte en el instrumento revolucionario por excelencia. Las fuerzas de orden público y el Ejército son los garantes del orden social establecido y los instrumentos de represión de las revueltas obreras.