Durante las últimas décadas del siglo XIX eclosiona una nueva corriente artística, el modernismo, que se caracteriza por un deseo de modernidad, una clara vinculación con las novedades artísticas europeas y la intención de ser el vehículo de una corriente de expresión autóctona, nacional catalana. En su origen es un arte innovador, revolucionario y futurista, sin ninguna vinculación ideológica. El modernismo se extiende por todos los ámbitos de las artes (incluyendo las artes aplicadas o menores) y desarrolla un sentimiento de rebeldía artística que exige un lugar para el arte y el artista en la sociedad moderna, y lleva a algunos de sus miembros al compromiso social. A finales de siglo, la burguesía adopta la estética modernista y encarga sus viviendas y proyectos de construcción a arquitectos modernistas.