La mejora económica se produce a pesar de un régimen absolutista, ineficaz y corrupto. Los cargos superiores de gobierno pasan a manos de vasallos de la corona de Castilla y, el resto, a manos de los botiflers, o catalanes que han dado apoyo a Felipe V. Las nuevas autoridades extienden la persecución de la lengua catalana a todos los ámbitos públicos y la represión contra las partidas guerrilleras, muy activas en los años posteriores a la derrota, es confiada a los mossos d'esquadra, organizados por el alcalde de Valls Pere Anton Veciana.