La especialización agraria conforma un mercado integrado a pesar de las deficiencias de la red de comunicaciones. La posibilidad de consumo de la clase media campesina anima a comerciantes y fabricantes, e instituye la tienda en las capitales comarcales y en los centros agrícolas más activos. Sociedades de capital modesto y familiar articulan el comercio colonial y las atarazanas de todo el litoral construyen barcos para este tráfico. El arte de pescar se moderniza y compañías pesqueras catalanas se establecen en Galicia, Andalucía y Patagonia.