En el siglo XVIII, en un contexto de larga posguerra, la sociedad catalana sienta las bases del crecimiento económico y de la revolución industrial. La especialización agraria de las comarcas litorales, primero, y el desarrollo de las industrias tradicionales y de la industria algodonera, después, permiten la consolidación de un mercado de exportación. La población del Principado aumenta espectacularmente a lo largo de los siglos XVIII. Reus, Vilanova y Mataró se convierten en centros de exportación y manufactura. La marina catalana se reorganiza a lo largo de toda la costa y se convierte en una pieza imprescindible del relanzamiento económico.