La crisis de la mayoría de las ciudades durante los siglos IV y V contrasta con el crecimiento de Barcino. Las regiones naturales tienden a la autoorganización y Barcino dispone de una ubicación idónea para vertebrar un rico marco regional. Las excelentes comunicaciones naturales con el interior del país dotan a la ciudad de una nueva centralidad. Durante los siglos IV y V Barcino se fortifica poderosamente y se convierte en referente político y centro de conspiraciones y revueltas. Máximo Tirano, autoproclamado emperador, se hace fuerte en la ciudad. Ataulfo y Gala Placidia la convierten en capital del reino visigodo en el año 415.