Inicialmente, el culto cristiano consiste en la plegaria en común y el comentario de textos sagrados y se realiza en domicilios privados. El crecimiento de las comunidades, la evolución del ritual y el desarrollo de una jerarquía religiosa generan la necesidad de disponer de unos edificios adecuados. El templo cristiano se inspira en la basílica, un amplio espacio urbano destinado a funciones judiciales, comerciales y administrativas. El bautismo como rito de integración genera una nueva construcción en el interior de la basílica: el baptisterio.