Durante los siglos IV y V las ciudades experimentan una pérdida de peso económico, la contracción del comercio, la modificación de las funciones administrativas y las transformaciones sociales. Ciudades como Tarraco, Empúries, Baetulo e Iluro entran en decadencia. Ante la inseguridad y las tensiones sociales los sectores bienestantes se desplazan al campo. Allí construyen villas autosuficientes, que son centros económicos, políticos y sociales de amplios territorios. Algunas son grandes centros lujosos y complejos, como la de Centcelles, en Constantí, que alberga los restos mortales del emperador Constantino, muerto en la Galia en el año 350.