El control del Imperio es posible gracias al desarrollo de una red de comunicaciones terrestres muy densa. Su realización y mantenimiento muestra el nivel alcanzado por la ingeniería romana. Por las calzadas circulan mercancías y las legiones que imponen el poder de Roma. La vía Augusta atraviesa Cataluña aprovechando las rutas naturales, desde Salses y La Jonquera hasta los territorios situados más allá del Ebro. A lo largo de esta ruta principal que comunica Hispania con Roma se levantan numerosas ciudades que se convierten en activos agentes en el control y la romanización del territorio.