Durante el reinado de Joan II, las disputas por los derechos de sucesión con su hijo Carlos de Viana deterioran el sistema pactista. En 1460, la Diputació del General moviliza el país en defensa del príncipe. En las Capitulaciones de Vilafranca (1461), Joan II acepta un régimen que favorece a Carlos y a las instituciones de la tierra. La muerte del príncipe lleva a Cataluña a la guerra. La Generalitat intenta conseguir apoyo internacional y proclama a Enrique de Castilla, Pedro de Portugal y Rainiero de Provenza condes de Barcelona. La Capitulación de Pedralbes (1472) sella la rendición de Cataluña.