A partir del primer tercio del siglo XIV Cataluña entra en un periodo de crisis. El equilibrio demográfico se rompe. En el año 1333, la mala cosecha y la imposibilidad de recibir trigo de Sicilia y de Cerdeña a causa de la guerra con Génova originan la aparición del hambre. En el año 1348 la extensión de la peste negra, llegada de Oriente, diezma una población deficientemente alimentada. Malas cosechas, pestes y otras catástrofes naturales, como los terremotos, se repiten a menudo a lo largo de los siglos XIV y XV. La población, estimada en unos 550.000 habitantes hacia 1300, pasa a poco más de un cuarto de millón en 1480.