Desde el segundo tercio del siglo XIV, Cataluña vive un período de convulsiones políticas y sociales, de crisis económicas y de retroceso demográfico. La crisis, gestada durante el largo reinado de Pedro III, el Ceremoniosos, se prolonga durante los reinados de los monarcas de la dinastía castellana de los Trastámara. La opresión feudal provoca finalmente la revuelta campesina que finaliza con la Sentencia Arbitral de Guadalupe.
La Guerra Civil de 1462-1472, que enfrenta la Corona con las instituciones de la tierra, asola el conjunto del país, ya diezmado desde hace tiempo por las epidemias. El reinado de Fernando II, a finales del siglo XV, señala un mínimo de población histórico: el país tiene entonces unos 250.000 habitantes. La apertura de nuevas rutas oceánicas traslada el centro del comercio mundial al Atlántico. El Mediterráneo pierde protagonismo y Cataluña queda relegada a la periferia de los nuevos ejes comerciales.