A principios del siglo XIII los condes-reyes de Cataluña orientan su política de expansión hacia el Mediterráneo. La conquista de Mallorca por parte de Jaime I inicia un camino que será continuado por sus sucesores hasta el siglo XV. La Corona de Aragón alcanza un papel hegemónico en el Mediterráneo occidental, a pesar de la rivalidad genovesa. En cambio, en el Mediterráneo oriental, no consigue desplazar a la República de Venecia.
La escuadra naval, las compañías de infantería de almogávares y la flota comercial son las bases de su expansión. La crisis interna y los conflictos sociales de los dos últimos siglos medievales ponen punto final a la hegemonía catalana en el Mediterráneo.