La muerte del rey Martí sin descendencia directa provoca un periodo de incertidumbre política (1410-1412). Los pretendientes mejor situados son Jaume d'Urgell, lugarteniente general del Reino y biznieto de Alfons III, y Fernando de Antequera, hijo del rey de Castilla y nieto de Pere III. La presión del papa Benedicto XIII y la presencia beligerante del ejército castellano en Aragón y Valencia fuerzan una solución de compromiso: una comisión restringida nombra sucesor al candidato castellano el 24 de junio de 1412. El compromiso de Caspe implica la entronización de la dinastía castellana de los Trastámara en la corona de Aragón.