Durante los siglos IX a XI, se empieza a aprovechar la energía hidráulica. Pequeños molinos hidráulicos con rodillo horizontal surgen por todas partes liberando al campesinado de la pesada labor de moler a mano. A partir del siglo XII, la energía hidráulica se utiliza en la metalurgia y en otros procesos artesanales. Los mineros del Pirineo extraen mineral de hierro que se depura en las forjas. Los excelentes hierros y aceros catalanes permiten mejorar todo tipo de útiles, sobre todo las herramientas del campo y las armas de guerra.