Ramon Berenguer IV conquista Tortosa (1148) y Lleida (1149). Parte de la población andalusí se queda en ambas ciudades. Mirabet y Siurana, los últimos baluartes andalusíes se rinden en 1153. El crecimiento demográfico y la concesión de franquicias facilitan la repoblación de los nuevos territorios. Se impulsa el establecimiento de comunidades religiosas en las tierras conquistadas. Poblet, Santes Creus y Vallbona de les Monges enriquecen su patrimonio con donaciones condales y privadas. Los templarios organizan la defensa de las nuevas fronteras mediante una red de castillos y encomiendas.