La labor evangelizadora se centra sobre todo en las zonas rurales y pirenaicas. En un mundo mayoritariamente rural, las parroquias son los centros de convivencia de las comunidades campesinas y contribuyen a la transmisión de unos mismos valores culturales. Posteriormente, la Iglesia vive también un proceso interno de feudalización. Desde las sedes episcopales, la Iglesia catalana intenta independizarse del arzobispado de Narbona, hito que alcanza en 1118.