La orden de san Benito, introducida en tierras catalanas bajo la dominación carolingia, funda entre los siglos VIII y XII cerca de 150 monasterios. Destacan Cuixà, Ripoll, Sant Pere de Rodes, Sant Joan de les Abadesses, Montserrat, Sant Benet de Bages y Sant Cugat del Vallès. Las comunidades se rigen por una regla que preconiza el espíritu de pobreza, la dedicación al trabajo y la oración. Los monasterios impulsan la repoblación de amplios territorios y en el siglo XI se convierten en grandes dominios señoriales. Son también centros de creación y transmisión de cultura. Ripoll es el máximo exponente de ello.