Oliba, conde de Besalú y de Cerdanya, se hace monje en Ripoll en 1002. Abad de los monasterios de Ripoll y de Cuixà y obispo de Vic, impulsa un movimiento renovador. En Roma trata la independencia de la Iglesia catalana respecto a Naborna. Es consejero de la condesa Ermesendis y mediador en diversos conflictos. Funda escuelas, escritorios y templos. Tiene un papel capital en la resistencia a la violencia feudal. En 1027 preside el sínodo de Toluges, que instituye la Paz y Tregua de Dios, que prohibe la guerra unos días de la semana e inmuniza a los hombres de Iglesia, los bienes y la sacraria, o alrededores de los templos.