A principios del siglo XI se impone una nueva estética: el románico, que se extiende por la Europa feudal y unifica las experiencias prerrománicas. El abad Oliba es uno de sus principales promotores en Cataluña. Un gran número de monasterios, catedrales e iglesias se construyen o modifican bajo los cánones del nuevo arte: ábside semicircular, bóveda de cañón, pilares cruciformes y decoración de las fachadas con bandas lombardas. El nuevo lenguaje también abarca la arquitectura civil y militar y las más diversas manifestaciones artísticas: pintura mural, pintura sobre tabla, escultura y orfebrería.