A partir de 1959, la oposición antifranquista empieza a salir del aislamiento al que ha estado sometida y se convierte en un movimiento que congrega a sectores cada vez más amplios de la sociedad. La incorporación de las nuevas generaciones que no han vivido la guerra y los cambios que está viviendo el mundo y la sociedad catalana, generan un movimiento plural de mujeres y hombres de procedencias diversas que exigen el retorno de la libertad, la democracia y la autonomía. La resistencia del régimen a evolucionar provoca un endurecimiento de la actuación policial. En los últimos años, cuando se hace evidente la descomposición del franquismo, el régimen intensifica la represión.