A partir de la década de los sesenta la economía y la sociedad catalanas viven una transformación en profundidad. Con la promulgación del Plan de Estabilización, en julio de 1959, el régimen abandona el modelo autárquico e intervencionista vigente desde 1939. La liberalización del comercio y del régimen de inversiones extranjeras y el restablecimiento del mercado de libre de divisas se producen en un momento de expansión de la economía europea. Cataluña vive un crecimiento económico sin precedentes. La consolidación de la diversificación industrial convierte la industria catalana en el principal proveedor de bienes de consumo para el mercado español. La expansión se realiza sin planificación urbanística y sin ningún control democrático sobre la economía. La confusión urbanística y la falta de infraestructuras básicas son la norma en las periferias urbanas y en las grandes áreas turísticas.