En 1610 es expulsada la población morisca de Cataluña. Un año antes había sucedido lo mismo en Valencia. La comunidad morisca, descendiente de la antigua población islámica, es poco numerosa y se concentra en las zonas del Segre y del Ebro, donde trabaja las tierras de nobles e instituciones eclesiásticas. Muchos moriscos, a pesar estar nominalmente bautizados, siguen siendo fieles al islam y mantienen la cultura y las costumbres propias. La expulsión hacia tierras de Barbaría a través del puerto de Els Alfacs afecta a 4.180 moriscos.