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Historia del edificio

El edificio que hoy conocemos como Palau de Mar corresponde a los antiguos Almacenes Generales de Comercio (AGC), el único edificio conservado del viejo puerto industrial de Barcelona. Fueron proyectados en el año 1881 por el ingeniero Maurici Garrán, primer director de la Junta de Obreros del Puerto de Barcelona, con la intención de destinarlos a depósitos comerciales.


Los AGC, que forman parte del conjunto de elementos más importantes del patrimonio industrial de Cataluña, se terminaron de construir en la primera década del siglo XX y fueron rehabilitados y transformados a partir del año olímpico de 1992.

En la actualidad acogen el Museo de Historia de Cataluña, el Departamento de Bienestar Social de la Generalitat de Cataluña y diversos negocios de restauración.

Pequeña historia de los Almacenes Generales de Comercio

Una Real Orden de 3 de marzo de 1818, autoriza el establecimiento de unos locales donde los importadores puedan establecer un contacto fácil y barato con los productos que vienen del extranjero. Esta disposición topa con la frontal oposición del Gremio de Fabricantes de la ciudad, que ve un ataque a sus intereses. No es hasta el año 1827, cuando los comerciantes, con el apoyo de la Junta de Comercio, consiguen vencer las reticencias de los fabricantes, y una nueva Real Orden dispone la creación de un depósito comercial en Barcelona.

Los alumnos del catedrático de la Escuela Gratuita de Arquitectura de la Junta de Comercio, Antoni Cellers, presentan en 1829, diversos proyectos que sitúan los depósitos al lado del Portal de Mar. Sin embargo, en agosto de 1831 la Junta de Comercio decide situar, por medio de un contrato de alquiler con el Real Patrimonio, los almacenes en el andén bajo del Moll Vell.

Poco tiempo después de la adquisición del terreno, la junta hace construir sus propias instalaciones, bajo la dirección de Josep Oriol Mestres, delante mismo de la playa del Portal de Mar. Las dependencias resultaron muy pronto insuficientes y, a lo largo de 1874, se edificaron los nuevos Almacenes Generales de Depósito, en la avenida Icària, proyectados por Elíes Rogent. Con el edificio de 1881, Maurici Garrán pretendió dotar al Puerto de Barcelona de unas instalaciones más operativas y menos incómodas para el comercio.

La Revolución Industrial trajo importantes cambios en el mundo del mar. Las silenciosas embarcaciones de madera impulsadas por la energía del viento fueron arrinconadas gradualmente, pero de manera implacable, por las embarcaciones de hierro y acero propulsadas por ruidosas máquinas de vapor. Tanto las características técnicas de las nuevas embarcaciones —más eslora y más calado—, como los criterios empresariales que regían su actividad —reducción de las estancias en puerto y más rapidez en las operaciones de carga y descarga—, obligaron a replantear todo el sistema portuario. En 1868, con la voluntad de hacer frente a las nuevas necesidades, se constituye la Junta de Obras del Puerto de Barcelona.

Maurici Garrán, director de la misma entre 1868 y 1881, expuso en una conferencia en el Ateneo Barcelonés en 1877 cuáles eran los principales objetivos de la reforma portuaria: «No basta tener un puerto donde fondear los barcos, es preciso tener donde descargar las mercancías. No basta al comercio la seguridad de los buques; necesita dársenas, muelles espaciosos y medios adecuados para cargarlos, descargarlos y carenarlos; y casi inútil sería lo primero si lo segundo no se alcanzase. El demorar un solo día el proporcionar los medios que facilitan la carga, descarga, depósito, reconocimiento, almacenaje y transporte de las mercancías, es perjudicar evidentemente los intereses del país».

En el archivo histórico de la Autoridad Portuaria de Barcelona se conserva el proyecto original del edificio para Depósito Comercial, firmado por el ingeniero jefe y director de las obras, Maurici Garrán, con fecha 1 de marzo de 1881. La memoria descriptiva del proyecto cita que, según la distribución general de los terrenos de la zona marítima efectuada de acuerdo con la Real Orden de 20 de octubre de 1872, en el muelle de la Playa de Pescadores: «...se proyecte un extenso solar para el establecimiento de un espacioso almacén […] que será muy ventajoso para la colocación de aquellas mercancías […] que no hayan de entrar en la ciudad o no se destinen al consumo interior. Colocado el edificio de esta manera las mercancías pasan directamente de las barcas a los almacenes y desde éstos a aquéllos con la mayor economía».

No existe duda —él mismo lo reconoce— de que el proyecto se inspira en los edificios portuarios ingleses de la época. Todavía hoy es fácil reconocer la familiaridad entre los docks de los puertos de Londres o Liverpool y los AGC de Barcelona. La fuerte personalidad de los docks ingleses, basada en su particular función, los ha convertido en piezas emblemáticas de la Arqueología Industrial, disciplina histórica nacida en Inglaterra después de la segunda guerra Mundial con el objetivo de estudiar y conservar los restos materiales del modo de producción capitalista.

Maurici Garrán entendía que un depósito comercial portuario debía tener una serie de condiciones básicas: ser seguro y de fácil vigilancia y control, tener una ubicación cercana a los barcos, facilitar las operaciones fiscales y estar situado cerca de la ciudad
La forma de la planta y, sobre todo, su distribución obedecen a razones operativas, entre las que hay que destacar: facilidad constructiva, ahorro económico, garantías de seguridad, posibilidad de compartimentar, imperativos aduaneros y facilidad de vigilancia.

Los trabajos se iniciaron en 1885. La primera fase fue la fundamentación, labor complicada porque que se hacía encima de la Playa de los Pescadores. El 17 de diciembre de 1894 se adjudica la obra a la sociedad «Material para ferro-carriles y construcciones». Y el 31 de mayo de 1900 se dan las obras por terminadas.

A lo largo de sus cien años de vida, el edificio de los AGC ha conocido múltiples usos, entre los que destacaríamos el de Cuartel del Cuerpo de Carabineros. Las razones por las que no se utilizaron casi nunca como depósito comercial fueron entre otras: una ubicación excesivamente alejada de la bocana del puerto, las dificultades operativas en comparación con los tinglados de una sola planta y un alto coste de mantenimiento.

El edificio de los Almacenes Generales de Comercio

El edificio de los AGC constituye un ejemplo de la técnica constructiva conceptualmente más innovadora del periodo comprendido entre las postrimerías del siglo XIX y los principios del XX. Los AGC tienen una doble estructura. Por un lado, la estructura interior, de pórticos de acero laminado. Y por otro, la estructura exterior, de obra de fábrica. La estructura interior resulta de gran eficacia cuando se requiere un espacio diáfano capaz de soportar importantes cargas.

La obra de fábrica exterior es el mejor cierre para proteger las mercancías de las inclemencias atmosféricas, el fuego y el robo.
Hace más de un siglo, la expansión de la estructura metálica coincidió con la aparición de la teja plana, y tanto la una como la otra se emplean positivamente en la construcción de los AGC. El amoldamiento mecanizado permitió adaptar mejor la forma a la función, ahorrando material. La teja plana es una pieza ligera, resistente, nervada y que encaja perfectamente tanto con la base como con el resto de las piezas, mediante el acoplamiento en seco y sin usar mortero.

En los AGC conviven dos elementos de apoyo: el pilar de fundición y el pilar de acero laminado. Como elemento de unión es evidente la generalización de pasador. Tanto los pilares como las jácenas se construyen en el taller. Una vez en la obra, estas grandes piezas se montan y se conectan por medio de pasadores tipo tornillo roscado en frío.

La rehabilitación llevada a cabo en 1992 por los arquitectos Josep Benedito y Agustí Mateos comportó una importante metamorfosis de los AGC, que conjugó la tradición portuaria con el dinamismo de la arquitectura contemporánea, y ha establecido un diálogo entre lo viejo y lo nuevo. En primer lugar, se creó un gran espacio vacío en el mismo centro del edificio, para hacerlo menos pesado y, al mismo tiempo, para articular la circulación vertical dentro del edificio. Por otra parte, se edificó otra planta para dar salida al terrado, que ha resultado un éxito, ya que permite disfrutar de unas vistas privilegiadas sobre el Puerto de Barcelona y sobre la ciudad.

Breve bibliografía de referencia
Alemany, Joan. El Port de Barcelona. Port de Barcelona, 1998

Capmany, Maria Aurelia. Fem memòria. El Port de Barcelona. Lumwerg Ed., Barcelona, 1990

Clavera, Joan et al. Economía e Historia del Puerto de Barcelona. Ed. Civitas, Madrid, 1992

Tatjer, Mercedes. La Barceloneta del S. XVIII al Plan de la Ribera. Los libros de la frontera, Barcelona, 1973

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