A lo largo del siglo XIX, Cataluña se configura como un país industrial. A la especificidad cultural se suma un nuevo rasgo diferencial respecto a otros territorios del Estado: una economía y una sociedad diferentes. La Cataluña industrial contrasta cada vez más con una España básicamente agraria. El impacto de las corrientes culturales románticas europeas genera un deseo de recuperación lingüística y cultural que pronto toma el nombre de Renaixença. Durante el siglo XIX Cataluña inicia una recuperación literaria y cultural sin precedentes. La lengua catalana reconquista, poco a poco, su estatus de lengua de cultura.
La Renaixença cultural abarca todos los ámbitos de la creación y penetra en las diversas realidades sociales. El nuevo marco económico y cultural favorece la formación de corrientes políticas propias. A finales de siglo, federalismo, carlismo y proteccionismo dan paso al estallido político del nacionalismo.