Los éxitos de la industrialización tienen también su techo definido por unas deficiencias de base. Cataluña no dispone de materias primas ni recursos energéticos propios y el país depende de las importaciones. Esta dependencia exterior afecta también a la tecnología y a la capitalización. El mercado español, que no ha generado una revolución agraria similar a la vivida por Cataluña en la centuria anterior, se muestra débil y poco elástico. La política del Estado, vinculada a los grandes intereses comerciales, favorece el libre cambio. A pesar de todo, el tejido industrial catalán se consolida.