En 1879 la filoxera, un insecto mortífero que se ha extendido por toda Francia, es detectado en Rabós d'Empordà. En menos de tres décadas arrasa con toda la viña catalana. En 1909 han sido destruidas 394.228 hectáreas de cultivo. Poco a poco la cepa autóctona es sustituida por otra de procedencia americana, inmune a la enfermedad. Las consecuencias económicas y sociales de este proceso son enormes. A pesar de todo, la modernización del campo es irreversible y la maquinaria de nueva factura optimiza el trabajo y la producción agrarias.