Desde 1516 Cataluña permanece asociada a los territorios de la familia de los Habsburgo o Austrias. Se trata de un enorme imperio europeo que pronto se extiende hacia América y Asia. En este conjunto, liderado desde Castilla, Cataluña es una provincia periférica que sirve de frontera con Francia y con el poder turco a través del Mediterráneo, y no dispone de demasiada capacidad de intervención en los asuntos generales.
La población catalana no llega casi a los 300.000 habitantes. Las constituciones medievales aseguran, pese a todo, las libertades del país. A pesar de las presiones centralistas y uniformadoras, Cataluña mantiene su propio Estado en la época de los Austrias. A las presiones autoritarias de la monarquía se contraponen los proyectos constitucionalistas, surgidos de las instituciones del país que, a pesar de su legitimación de corte tradicionalista, se insertan en las corrientes más abiertas del pensamiento moderno.