La crisis demográfica despuebla muchas masías: son los llamados masos rònecs (masías abandonadas) que las familias ocupan sin obtener la propiedad. Para mantener las rentas, los nobles exprimen al campesinado diezmado e imponen la remensa y otros impuestos vejatorios llamados "malos usos". El malestar desemboca en revueltas: la guerra de 1432 a 1472 y la segunda guerra de los Remensas (1484-1485) son las más violentas. Fernando II, reprime con crueldad la última y abole los "malos usos" en 1486 con la Sentencia Arbitral de Guadalupe. No obstante mantiene los elementos feudales básicos y obliga a los campesinos a redimirlos con indemnizaciones.