La crisis final de la dictadura de Primo de Rivera lleva consigo la caída de la monarquía, demasiado comprometida con el régimen dictatorial como para poder sobrevivirle. El 14 de abril de 1931 se proclama la República. En Cataluña, un nuevo partido alcanza la hegemonía política: Esquerra Republicana de Cataluña. Entre sus dirigentes se encuentran Francesc Macià, proveniente del nacionalismo radical, y Lluís Companys, formado en el republicanismo de izquierdas. La República posibilita la restauración de la Generalitat y la aprobación de un estatuto de autonomía con amplias atribuciones. La radicalización de los
conflictos sociales y políticos, en un contexto internacional marcado por el ascenso del fascismo, provoca una profunda polarización social en Cataluña y en España, y culmina con el fracaso del reformismo republicano.