Con el cambio de siglo se produce un nuevo impulso de los sistemas de producción, conocido como la segunda revolución industrial. Se caracteriza por la utilitzación de nuevas fuentes de energía —como la electricidad y el petróleo—, la diversificación industrial con la aparición y desarrollo de nuevos sectores como la química, y la renovación constante de los sistemas de comunicación y transporte, que dan lugar a la aparición del automóvil y de la aviación. Cataluña no es ajena a estas transformaciones. Aunque el sector textil sigue siendo hegemónico, el sector industrial empieza a diversificarse y se extiende el uso de la energía hidroeléctrica. La neutralidad española en la I Guerra Mundial contribuye a consolidar estos procesos.