Desde el Paleolítico inferior, el período más remoto de la Prehistoria, las tierras catalanas han sido testigo de actividades humanas. En Tautavel (Rosellón) se han localizado los restos más antiguos del homo erectus, de hace unos 450.000 años.
La extensión de la agricultura y la ganadería a partir del Neolítico, en los últimos milenios antes de Cristo, determinan una nueva configuración del territorio y la aparición de nuevas culturas. El influjo de las sociedades orientales, griega y fenicia, desde el siglo VII a.C. cristaliza en la cultura íbera, una de las civilizaciones más importantes del Mediterráneo occidental.
En el 218 a.C., con la llegada del ejército romano a Empúries, se inicia un largo período de vinculación al imperio de Roma. Precisamente entonces se conforman algunos de nuestros rasgos culturales básicos: la lengua, el derecho y la religión. A finales de siglo V, la caída del imperio Romano de Occidente da paso a la creación del reino visigodo de Toledo.